Mostrando entradas con la etiqueta Zozohua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zozohua. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de junio de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

  
Recién, estrenamos solsticio de verano y llega con un plenilunio que adorna espectacularmente estas noches de junio; disfrutamos la luna más grande del año, porque está muy cerca de la Tierra en su órbita lunar, según reporta la NASA. Se multiplican, a propósito, por el mundo las tomas de la luna, para contemplarla si no física sí virtualmente; como esa en Cabo Sounion, Grecia (http://www.tiempo.com/ram/34818/la-super-luna-del-perigeo/), un verdadero regalo al espíritu, desde el antiguo templo de Poseidón.

A través de ella, enseñoreada en el azul he recordado a Prometeo y su rebeldía, por fortuna para los humanos; traducida en imaginación, en torno al titán, esclavizado por su terquedad de salirse con la suya en favor de los humanos. Sigue cautivándonos el misterio de la luz en la oscuridad, por eso abordamos la luna de tantas maneras; y, si no quemara el sol, habríamos instalado base solar en su seno, desde hace mucho tiempo. Somos, como Prometeo, una suerte de cautivos por ases de luz.

Dejamos para engarzar, como pretexto, un poema de Pessoa (1888-1935); quien habría cumplido, el 13 de este mes, 125 años de vida en la tierra. Como nosotros disfrutaría de muchas enormes lunas, cuya contemplación nos hace más pequeños y soñadores a un tiempo.

“Que me olviden los dioses sólo quiero. /Seré libre, sin dicha ni desdicha, /como el viento que es vida /del aire, que no es nada. /El odio y el amor nos buscan; ambos, /cada uno a su manera, nos oprimen. /A quien nada conceden /los dioses, ése es libre.” §




§ Fernando Pessoa. 42 poemas. Ricardo Reis (Traducción de Ángel Crespo), Grijalbo Mondadori, Madrid, 1998

lunes, 17 de junio de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

¿Hasta dónde influyó el feminismo en la transformación de la imagen del padre de este siglo que inicia el tercer milenio? Tal vez no lo sabremos bien todavía, pero de que lo hizo ni duda. Los movimientos democratizadores, la lucha por la equidad, la defensa de las mujeres por el derecho a salir de casa en busca de empleo, aunque fuera por quehacer doméstico, pero asalariado; elegir como vestirse, con todo y cuota de violencia. Socialmente, la mirada en torno al padre cambió y la mujer, en particular, ha tenido que ver.

Pudo quitarse, como luego se dice, el corsé que lo mantenía derechito, frío lo más posible y “nada de lágrimas” porque podía tildársele de “marica”. Ahora hasta escuelas para padres existen, con padres y madres. Ya no es tan mal visto ni raro que el varón desempleado se quede en casa cuidando a los hijos, en tanto la mamá sale a trabajar. En fin, no importa a nadie o casi a nadie que se hayan “ablandado” y que vean telenovelas y lloren; lo cual, desde luego, no garantiza que sean mejores padres. Pero sigue habiendo una exigencia moral y social hacia ellos; se hizo oficial, además, festejar al papá el segundo fin de semana, en domingo, de junio.

Para los amigos del trajín a propósito de la celebración –padres o no aún-, cuyo lado más ingrato sigue pareciéndonos el tinte comercial; dejamos aquí un fragmento[1] de gran ternura, recogido de los recuerdos de Alfonso Reyes (1889-1959) sobre su padre, Bernardo Reyes; militar de carrera, prácticamente dado al suicidio frente a Palacio Nacional, el 9 de febrero de 1913. Valiosa la mirada del escritor regiomontano que evidencia la atmósfera de una época y, de paso, nos deja olisquear la fuerte presencia de las mujeres en su vida; de la madre, quien seguramente le tocaba sufrir por los hombres de casa.

“Yo nunca vi llorar a mi padre. Privaba en su tiempo el dogma de que los varones no lloran. Su llanto me hubiera aniquilado. Acaso escondiera algunas lágrimas. ¡Sufrió tanto! Mi hermana María me dice que ella, siendo muy niña, sí lo vio llorar alguna vez, a la lectura de ciertos pasajes históricos sobre la guerra con los Estados Unidos y la llegada de las tropas del Norte hasta nuestro Palacio Nacional (el 16 de septiembre de 1847).

Como él sólo dejaba ver aquella alegría torrencial, aquella vitalidad gozosa de héroe que juega con las tormentas; como nunca lo sorprendí postrado; como era del buen pedernal que no suelta astillas sino destellos, me figuro que debo a él cuanto hay en mí de Juan-que-ríe. A mi madre, en cambio, creo que le debo el Juan-que-llora. Y cierta delectación morosa en la tristeza”.




[1] Alfonso Reyes para jóvenes. Infancia y adolescencia. (Selección de textos, comentarios y notas de Felipe Garrido), Gobierno del Estado de Nuevo León-Secretaría de Educación Nuevo León-FCE, México, 2007.

lunes, 10 de junio de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

Mientras éramos testigos y víctimas –sin luz eléctrica por más de dieciséis horas- de una apabullante tormenta con viento, lluvia y granizo, en una “ciudad moderna” pensé lo poquita cosa que somos los humanos expuestos a la fuerza de la Naturaleza; tan pródiga como implacable. En éstas, con tiempo para ocupar el ocio a oscuras y en lo que nos gusta recordé a Augusto, Tito, Monterroso (1921-2003), quien dejó de estar en físico hace diez años, para seguir acompañándonos desde otros espacios que guarda la memoria. Además, justo por estos días, en 2000, recibió el Premio Príncipe de Asturias en las Letras, concedido a aquéllos “cuya labor de creación literaria representa una contribución relevante a la literatura universal”.

Así pues, cualquier motivo es buen pretexto para releer a Monterroso; me encanta uno de sus textos que ilustra, de manera soberbia, candor e inseguridad adolescentes en los seres humanos de todos los tiempos “La rana que quería ser una rana auténtica”. Qué manía esa de no crecer, ¿verdad?; a expensas siempre del dicho de los demás, sobre lo que soy o dejo de ponerme. ¿Tara sociocultural? No sé qué podrán decirnos sociólogos y psicólogos; pero hace tiempo, al encontrarme con una nota generada por una aportación científica de investigadores de la Universidad de Guadalajara, sobre un antibiótico extraído de la piel de las ranas para combatir la ceguera repensé en cuántas ranas reharían su vida sabiéndose tan, particularmente, útiles.

Nuestro Tito Monterroso no erraba jugando a establecer paralelismos entre humanos y “no pensantes”, cómo nos les parecemos. Dejo para engarzar y compartir con ustedes un fragmento de esta deliciosa historia.

“Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.”.



lunes, 3 de junio de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por  Graciela Salazar Reyna

Son seres que comunican su dolor
a piel-escama.

Las sirenas
son de plata
como reflejo de luna.

No son sólo peces míticos
o mujeres desaparecidas
más allá del horizonte.

No son sólo las Súcubas de Ulises
no sólo el manto emplumado de Yemayá.

Son el diseño de un artista
ángeles femeninos que se abren de parto
para resurgir como de un abismo insoslayable.

Son exilio de sombras
renuncia o la posibilidad infinita
de sentir el mar
en su pelvis de espuma

En este proceso de ser
alma que deja de estar vacía
alguien siempre las posee.

No saben si volar
o arrancarse esa piedra fosilizada de su vientre
ese marfil donde se les ha bordado el ombligo
o si navegar con esa orfandad de mujeres azules
lloronas inconsolables.

Sirenas de alas-tomar
guías de pescadores
o aves mensajeras
reptiles ocultos en sus escamas
salamandras, quimeras
hijas de Zeus, de Poseidón y su tridente.

Todas las sirenas
una sirena-madre
nos hablan a través de su cuerpo
amamantando de luz
y fecundado en las entrañas de la arena.

Mujeres que abandonaron la tierra
Y a los hombres de la guerra
a cambio de un pez
insertado en su sexo oral
de boca de lluvia
de códigos de flor
sobre los labios de su poesía.

Estilizadas, seductoras
transformadas de caracolas y concha nácar
a semidiosas;
dianas, amazonas y valkirias
Venus de agua, afroditas instaladas en el deseo
posible o no, deseándolo todo.

Raíz de plata en sí mismas
tatuadas de lunares y de estrellas
a veces se dejan ver por la playa.

Hoy quise entregarme sólo al disfrute del poema que comparto con los lectores de este trajín. Hace años, conocí a su autora, Frida Varinia Ramos Koprivitza; platicamos sin descanso lo que duró el trayecto, de Oaxaca al D. F. Veníamos de un encuentro de mujeres poetas en “el país de las nubes”, ese que coordina Emilio Fuego, desde hace más de 20 años, en la mixteca; aún flotábamos entre ellas.


Hablamos de sueños y proyectos. En esa ocasión le platiqué, entre otros muchos temas, que me dedicaría a las sirenas sin saber entonces de este poema suyo, Sirenas de luna y plata, de su libro De sur a sol.  Poemas con aroma de café (Premio nacional, Ignacio Manuel Altamirano, 2005, del gobierno del estado de Guerrero).  Espero que ustedes como yo se deleiten con estas sirenas que, “a veces se dejan ver por la playa”, particularmente, cuando buceamos por nuestros mares en pos de seguir imaginando.

domingo, 26 de mayo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

Quienes nos acompañan cada semana en este viaje saben tan bien como nosotros que antes de cualquier oficio o profesión uno se desempeña como persona y ciudadano. De tal modo, resulta casi imposible sustraernos a los acontecimientos cotidianos de nuestro entorno; y, uno que ha marcado la memoria colectiva de los mexicanos, en tiempos recientes, es el incendio de la Guardería ABC donde fallecieron 49 pequeñitos, cuyos dolientes padres continúan demandando justicia a las autoridades sin haber recibido, hasta la fecha, una satisfacción. Me pregunto cuántos nos hemos imaginado en su lugar.

Para conmemorar cuatro años de luto, padres y familiares de niños y niñas que no deben olvidarse están convocando desde Hermosillo, Sonora, a ciudadanos del país a recordar con ellos. Su “Movimiento ciudadano por la justicia 5 de junio” llevará a cabo -del domingo 2 de junio al miércoles 5- en la plaza Emiliana de Zubeldia, frente a la Universidad de Sonora, diversas actividades alusivas; como la presentación de videos testimoniales de solidaridad a su lucha y un Foro donde se expondrán evidencias de la impunidad, aspectos judiciales, políticos y sociales en torno al caso; participarán, también, en una misa y una marcha, ratificando su exigencia de justicia.

Mencionan que es posible solidarizarse con sus acciones, en plazas públicas el martes 4 –de vigilia-, encendiendo 49 veladoras, más una, por los sobrevivientes; el miércoles 5, alrededor de las 2:45 de la tarde, soltando 49 globos blancos por las niñas y niños fallecidos, más uno, por los sobrevivientes. Si es cierto que hemos iniciado una nueva era de conciencia, lo menos que se antoja es que las condiciones de vida, para hombres y mujeres de buena voluntad y cumplidores ciudadanos, sean justas y decorosas. Por lo menos, uno quisiera en un trance así, escuchar aunque sea de lejos el eco que responde.

Siva de engarce “¿Qué miran?”, de Raquel Olvera; me ha parecido disfrutable:

¿Qué miran los ojos del corazón?
¿Qué miran mirándome?

Una semilla que se expande. Una flor de loto. Un colibrí con el pico hundido en los abismos de la dulzura. Un camino hacia la certeza. La orquídea de lo inefable. Una herramienta. La luz de una tierna mañana. Un formulario. Una espada hundiéndose en las carnes de un guerrero. Dios contemplando a Dios. Un niño que cacha su pelota. Un espejo. Una niña que vuela en el columpio. Una piedra transparente. Una mujer profundamente amada. El epitafio. La música en la garganta. Un lago y su tranquilo oleaje.
¿Qué miran los ojos del corazón?
¿Qué miran mirándome?
Los ojos del corazón son una brújula en la tormenta.



lunes, 20 de mayo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

Desde el nueve de mayo está celebrándose el VII Festival Internacional de la Palabra en el Mundo, donde se privilegia a “la poesía en todas partes”; es decir, en cada rincón donde quiera decirse y manifestar motivos significativos. En esta edición se adhirieron diálogos, homenajes o tributos, actos en desagravio y solidaridad dedicados a distintos personajes en Cuba, Colombia, Argentina, Brasil, España, Canadá, Guatemala, Perú, Francia, Puerto Rico, Panamá, Italia, Venezuela, Estados Unidos de Norteamérica y, por supuesto, en México.

Entre los recordados Pablo Neruda, Federico García Lorca, Julio Cortázar, Roque Dalton, Margarita Nohavoa, Dulce María Loynaz y, nuestra poeta chiapaneca Dolores Castro; otros motivos, SOS Bangladesh, Día de la madre, poetas contemporáneos, en fin, cada espacio tiene su motivo para congregarse en torno a la poesía.

En Santa Catarina Lachatao, un pueblito metido en la sierra Ixtlán de Oaxaca se dedica, por tercera ocasión, a “la paz interior”. Todos y cada uno de los habitantes del lugar sin importar edad u oficio se han dedicado en estos días, 17 al 21 de mayo, a bailar, cantar, decir, declamar, leer, escribir y escuchar poesía propia y de diversos autores. Luminosa fiesta, enmarcada por embelesadoras montañas que dieron cobijo al “Benemérito de las Américas”, presente expresa o tácitamente en cada acto y espíritu; allí donde se asoma el México profundo y podemos disfrutar cálidas bienvenidas en zapoteco, por una niña de cuatro años, Sofía, que nos emociona al punto de las lágrimas al oírle decir, de memoria, extenso texto alusivo al festejo en un español perfecto.

Ha sucedido en esa comunidad lachataense, lo que quisiéramos para todo nuestro país y el mundo: niños, jóvenes y adultos, celebrando juntos la vida, a través de la poesía; posible sólo con sensibilidad, inteligencia y la convicción de hacer mejores seres humanos. Para esta III edición en Lachatao, fuimos convocados por sus representantes comunitarios, la misma comunidad, y por Francisca Huppertz, mujeres y hombres poetas, de distintas latitudes. Dejo, para engarzar y seguir homenajeando la palabra en la poesía, “Gestación de la luz” de nuestra amiga Carmen Amato, con quien compartimos esta fiesta, frente al poderoso monte de El Jaguar.

No tiene nombre /Hay una boca con todas las palabras /para nombrar la luz /con su sílaba única. //Existe un ojo con la gama del iris /para mirar la luz /con ese croma único. //Hay un oído que siempre está vibrando /para escuchar la luz /con sus frecuencias únicas. //Hay unas manos con redes sutilísimas /para atrapar la luz /con sus fulgores únicos. //Hay un sentido para rastrear la luz, /mirarla y atraparla. /No es el del equilibrio. /Ni el sentido común.

lunes, 13 de mayo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

Alguien comentó, mientras festejábamos en familia el día de las madres, que existen diferentes niveles de maternidad; ignoro si haya quien se atreva a medir y cuantificar grados o niveles, pero nos quedaba claro a los allí presentes que parir no tiene nada que ver con el amor maternal ni con eso que entendemos como instinto de madre. Basta con  mirar un poco en torno nuestro, para darnos cuenta de que así como las hay que se abren las venas a cambio de la vida de sus hijos, en cualquier momento y terreno, otras no descubren, en toda su existencia, el sentido de esa relación filial impuesta por un mero accidente carnal, en el que nunca se tuvo en agenda hacerse cargo de un hijo.

Ya sé que hacerse cargo y amar no tienen que ser lo mismo, pero cuando amamos nos hacemos cargo, a veces, sucede a la inversa. Pero tal vez el error de los que observan desde fuera radica en esperar, dado el papel que socialmente se impone a la mujer madre, o a la mujer por el hecho de ser mujer que responda amorosamente al estímulo de haber parido. En todo caso debía responsabilizarse al padre de lo mismo, aunque no hubiera parido carnalmente, como Zeus a Minerva; debía esperarse a cuenta de razón o de civilización, una vinculación de espíritu o al menos intelectual.

Esto vino a colación del origen tan distinto de la celebración del 10 de Mayo, allá en 1870, cuando una osada mujer, Julia Ward Howe, proclamó el Día de las Madres con intenciones pacifistas, intentando hacer conciencia del desarme y se pronunciara contra la guerra en Estados Unidos de Norteamérica. Luego el presidente Woodrow Wilson lo establecería, en 1914, como festividad el segundo domingo de mayo. En México tuvo lugar, a partir de 1922; larga y penosa historia, relacionada con motivos muy distantes del amor maternal y más bien cercanos a la política y el comercio.

Pero el engarce en esta ocasión lo hacemos a propósito del siguiente aniversario de nacimiento de Alfonso Reyes (1889-1959) el próximo 17 de mayo, del cual se recuerda –a través de su pluma- no sólo la fuerte presencia de la madre, sino la de su nodriza a la que dedica sus líneas en diversos momentos. Comparto un fragmento[1] que en lo personal me enternece, porque da cuenta, no sólo del significado de amamantar sin haber parido al que se amamanta, sino del vínculo amoroso y perdurable que, en este caso el adulto, Reyes, conserva desde la niñez de Alfonso.

“Una inmensa campesina de bronce, tan bella como para asustar los deseos, tan serena que las lágrimas parecían postizas en su cara. (…) la otra Ceres india, la del maíz, fresca como pozo de agua en la sombra. Llevaba en brazos un precioso muchachón rollizo, y se quejaba a la gobernadora; (…). Así llegó mi nodriza Paula Jaramillo”.



[1] Alfonso Reyes para jóvenes. Infancia y adolescencia. (Selección de textos, comentarios y notas de Felipe Garrido) FCE-SE Nuevo León-Gobierno de Nuevo León, México, 2007,

miércoles, 8 de mayo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

De plácemes deberíamos estar, festejando que el gobierno de Francia reconoce, como nosotros, a una de nuestras más congruentes periodistas mexicanas, Carmen Aristegui. Misma que recibió, la semana pasada, insignia Caballero de la orden de la legión de honor; merecida por quienes en México defienden la libertad de expresión y la democracia. No obstante, cual película de terror están allí, una vez y otra, escenas con imágenes impactantes a lo largo y ancho del país, donde no terminan las ejecuciones; sumando cifras y nombres a los relatados en los medios que se atreven a decir y contar.

Ejecuciones por decenas o docenas a la semana, el caso es que nunca sabemos, por parte de las instancias responsables de las investigaciones dónde, cuántos y quiénes quedan en el sitio que demanda la justicia; a los ciudadanos no se nos rinden cuentas, hasta que las ONG’s reclaman y exigen que se informe del seguimiento en el que están involucrados como víctimas o familiares de éstos. Se cruza también, dejándonos una gran amargura y la idea de estar en indefensión, enterarnos, por ejemplo, que entre 2006 y 2012 –según datos del IFAI- tenemos en el país 379 bandidos, vinculados al narco y  con derecho a ser protegidos por 12 años; de los que no se nos dice, por no poner en riesgo su “integridad” y la de sus familias.

Es natural que los ciudadanos mexicanos de a pie, particularmente las víctimas y sus familiares, nos sintamos indignados; los asesinos son los protegidos. Esto huele mal a kilómetros de distancia. Cómo no ha de encontrarse uno en los versos que evidencian situaciones similares; ¿de qué estaremos hechos?, me pregunto. Y dejo aquí, para ustedes, un fragmento de este poema[1] (Carta 1 del salvadoreño Salvador Medina Barahona) que engarza con la necesidad de encontrar respuestas.

Vengo de la misma fauna de mortales, /de la misma tribu, y /lo que hoy te avanza, /lo que hoy se sumerge en ti como en un túnel, /es como el fuego que fue principio y  /puede ser final. //Vengo del mismo vacío, del mismo espanto /del que vienes: /Selva es selva, /y en ella todos alguna vez jugamos /a levantar la vida. /La espada ha caído, / ha hecho su danza de odio y muerte en tu cabeza, / y no hay palabras que puedan falsearle el nombre /a este vértigo en la historia, /a esta vieja amenaza que aún no delata /a sus culpables.





[1] Jinetes del aire. Poesía contemporánea de Latinoamérica y el Caribe. (Selección de Margarito Cuéllar, prólogo de Julio Ortega), Universidad Central del Ecuador-Universidad Autónoma de Nuevo León-Ril editores, Chile, 2011.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

Yo soy el ingrato, hermanos,
que a débiles y forzudos
los hice bailar desnudos,
la polka, chotis y enanos.
Por esos gustos profanos
y pasión tan arraigada
está la sentencia dada
que muera yo ajusticiado,
por eso muy resignado
voy a concluir mi jornada.

Veinticinco años y meses
pude en la vida contar,
y si ésta va a terminar
lo he merecido mil veces.
No culpo en ello a mis jueces
la culpa la tuve yo;
si el Consejo sentenció
que muriera fusilado
debo ser ejecutado,
ya el día se me llegó.
Leen ustedes aquí dos estrofas de una variante del “Corrido de Agapito Treviño, Caballo Blanco (1829-1854); famoso bandolero que inició su carrera de asaltante a los 17 años de edad, poco le duró el gusto, ya que como dice una de las décimas, donde se muestra resignado y arrepentido, fue fusilado a los 25. Ofrezco tratar más adelante el tema del Corrido. Ahora, cavilando en tiempos niños, quise compartir con ustedes estos versos de quien escuchábamos de los abuelos, familiarmente; nos emocionaba pensar que un día lo encontraríamos, yendo por su tesoro escondido en una de las oquedades del cerro de La Silla, pues como bien se ha dicho de Agapito Treviño, “consagró el emblema y se integró al paisaje”[1] de la ciudad. No se parece a los bandidos de hoy.


[1] Garza Quiroz, Fernando. Caballo Blanco. Mito y leyenda de Agapito Treviño. Cuadernos del topo, ensayo, México, 1996

jueves, 25 de abril de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

En vista de que el 23 de abril, Día internacional del Libro, cae este año en martes; decidimos salir a celebrarlo en domingo. Así que, tomamos algunos de nuestros libros preferidos y salimos un puñado de lectoras y lectores a leer a la calle; existen amigos solidarios que respaldan con lo que está en su mano, a veces basta una pared donde sombrearse si el sol cala.

Ya en camino, entre los asistentes al Café Du Calcetin, en la parte vieja del centro de Monterrey, hubo voluntarios, para leer fragmentos de textos que teníamos a disposición: Canek, de Abreu, La oveja negra y demás fábulas, de Monterroso, Tercera residencia, de Neruda, Recuento de poemas, de Sabines, Cuentos, de Armonía Somers, entre otros. Uno de los hallazgos de la tarde que más nos emocionó, a quienes compartíamos la experiencia, fue la intervención de un grupo de niños; llegaron a leer con la certeza de que era lo de deseaban. Nos miramos cómplices las urdidoras del momento y pensamos que son esas nuevas generaciones las que deseamos para nuestro país y el mundo.

Me detengo hora en los poetas líricos ingleses[1], de los cuales disfrutamos también, porque quiero compartir con ustedes, los del trajín, el soneto LV de William Shakespeare (1564-1616), para seguir festejando al libro.

     “Ni el mármol, ni los dorados monumentos de los príncipes, sobrevivirán a esta rima poderosa; y tú resplandecerás en ella con más brillo que la piedra barrida por las manchas del tiempo. Cuando la guerra destructora derrumbe las estatuas; cuando las luchas arranquen de raíz las obras de la arquitectura, ni Marte, ni su espada, ni el incendio violento de la batalla destruirán el viviente registro de tu memoria.
     Siempre avanzando, a pesar de la muerte y los amnésicos odios, tu elogio persistirá ante los ojos de toda posteridad que habite en este mundo, hasta el día del juicio final.  
     Sí; hasta el instante de erguirte ante el juicio definitivo, vivirás en estos versos, y perdurarás ante los ojos de los amantes”.




[1] Poetas líricos en lengua inglesa. Varios autores. Biblioteca universal/Conaculta-Océano (Estudio preliminar de Silvina Ocampo), España, 1999.

lunes, 15 de abril de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna



Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.



192 años, el pasado nueve de este mes, hace que nació Charles Baudelaire, en 1821; muere en 1867. Rebelde como él solo, tal como lo atestiguan Las flores del mal que publicara cuando tenía ya treinta y seis años; le valieron acusaciones, por faltas a la moral y el mote de poeta maldito. Y cómo no, si era capaz de responder a sus feroces críticos con sus mismas armas:
     Todos los imbéciles de la burguesía espetaba- que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan () una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre () empezó a sonrojarse y a taparse la cara () preguntaba ante las estatuas y  cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias.
Aquel, rechazado por los académicos franceses y del mundo; considerado luego, padre de la poesía moderna, escribió El albatros que leemos aquí. Escrito, al parecer, en un penoso exilio rumbo a Calcuta. En la última estrofa queda inscrita la pena del poeta, cuyas alas gigantes como al albatros- le impiden caminar.

miércoles, 10 de abril de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

Interesante asignación del “Premio internacional de poesía y ensayo, Octavio Paz”, en su 10ª edición, a Fernando Savater, por su trayectoria intelectual y cívica. Primero vino a mi memoria su digerible y exquisita “Ética para amador”, con que se entretienen los chavos leyendo cómo un padre, hasta cierto punto moderno, escribe mientras dialoga con su hijo y lo inicia, sutilmente por los caminos de la filosofía; luego pensé en “Invitación  a la ética”[1] por la que recibió, en 1981, el X Premio Anagrama de Ensayo. Así que decidí hojear de salto en salto las partes de éste (Hacia la ética, La razón moral y Más allá de la ética) incluido el epílogo (Respuesta a Sade), en el cual vapulea al marqués por atreverse –según él- a rechazar el proyecto ético.

Aunque no estemos totalmente de acuerdo, con dicha “Respuesta…” u otras, en cuanto hipótesis y supuestos; resulta sin duda gratificante el magistral ejercicio de pensamiento y argumentación de Savater en cada uno de los temas que aborda. Nos mantiene a raya recordándonos, por ejemplo, (en La relación con el otro, Cap. III) que una relación ética con otros, sólo puede mantenerse, estando dispuestos a concederles la palabra; poniendo en ella exactamente lo que les exigimos, ofrecemos o reprochamos. Más claro, a veces, ni el agua. Conceder e intercambiar la oportunidad, limpia y llanamente; parece sencillo, pero se olvida en la convivencia, todos los días. Concluye el capítulo, asegurando que la relación ética sólo se da con los demás; pues así se confirma la condición de ser humano, al tiempo que propicia la infinitud creadora y libre que nos trasciende.

Y como de intercambiar, a través de la palabra, se trata engarzamos aquí, con un fragmento digno de disfrutarse; está cumpliendo sus 70 años:

Tomé al principito en mis brazos porque se quedó dormido y emprendí otra vez el camino. Me parecía que llevaba en brazos un frágil tesoro. Me parecía incluso que no existía nada tan frágil sobre la Tierra. Miré, a la luz de la luna, su frente pálida, sus ojos cerrados, los mechones de su cabellera, agitados por el soplo del viento y me dije: ‘Esto que veo aquí no es más que una corteza. Lo verdaderamente importante es invisible’. (El Principito)







[1] Fernando Savater. Invitación a la ética. Anagrama, 2ª edición, Barcelona, 1997

domingo, 31 de marzo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

A propósito de la Semana Mayor y hurgando en la “apocatástasis”, cuyo significado en latín nos remite a la recuperación de la condición original, encontramos a San Gregorio Niceno -con sus hermanos, uno de los tres capadocianos[1]-; quien, antes que obispo de Nisa, fungió como lector eclesiástico y profesor de elocuencia, en el siglo IV de nuestra era. Asegura que “si Dios está en todo no habrá lugar para el mal”. Explica, mediante analogía del fuego infernal que purifica, cómo sucede con el oro; separándose de la impureza. El castigo no constituye un fin, sino un proceso de mejoramiento, señala; llegará el tiempo en que las criaturas libres, particularmente los demonios y almas de malvados, compartirán la salvación.

Si bien tal doctrina no es propia del santo Gregorio, él deja claro que la eternidad es un periodo muy largo, pero finito; la apocatástasis es tomada de Orígenes y éste aludido a la vez por Tixeront, quien afirma que si las Escrituras hablan de castigo a los réprobos, como si fuera eterno, tiene el fin de atemorizar a los pecadores “para que vuelvan a la buena senda”; advierte que Dios castiga con el fuego sólo por corregir y “curar al pecador impenitente” el cual volverá, en algún momento, a amistarse con Dios: “Dios será todo en todos –señala- solo habrá en el universo paz y unidad” [2]. ¿Dónde me apunto…?

Resulta muy atractiva propuesta de tal envergadura, sembraría en principio una democracia con los valores más íntimos, pasando por la filosofía de la fe a la política; ¿una adquisición por de más avanzada, para los seres humanos?, ¿quizá peligrosa para las instituciones más ortodoxas?, ¿y los mexicanos?

Son muchos los detractores –San Agustín entre otros- de la apocatástasis condenada, oficialmente, en el Concilio de Constantinopla en 543. Revivida, luego, por escritores eclesiásticos y los reformadores de la iglesia romana, del siglo XVI; pensando, de

seguro románticamente, en la salvación universal. Los justos que a nadie dañan y no requieren redimirse, por motivo alguno; es más, no solo se castigan a sí mismos sin merecerlo sino que mueren de amor, por amor al ideal que habita sus adentros. Como vemos en estos versos de San Juan de la Cruz:

“En mí yo no vivo ya, /y sin Dios vivir no puedo; /pues sin él y sin mí quedo, /este vivir ¿qué será? /Mil muertes se me hará, /pues mi misma vida espero, /muriendo porque no muero. //Esta vida que yo vivo /es privación del vivir; /y así, es continuo morir /hasta que viva contigo; / oye mi Dios, lo que digo, /que esta vida no la quiero; /que muero porque no muero”. (Coplas del alma que pena por ver a Dios).






[2] Histoire des dogmes, (París, 1905. I, 304, 305) en ecwiki, enciclopedia católica online. 31/03/2013, 15:06 Hrs.

viernes, 29 de marzo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna



Entre la celebración de la primavera, el natalicio de nuestro benemérito y el día mundial de la poesía se mueve la violencia con afiladas garras, por todo el país; medio centenar de víctimas en dos días, fin de semana aterrador, para quienes les toca ver y escuchar de cerca impactos o cadáveres puestos en cualquier calle, donde debe transitarse durante el día para realizar los quehaceres cotidianos. Esto en el pórtico de la semana mayor preparándose, deveras, la pasión de Cristo, sangre y más sangre derramada y expuesta públicamente; lo cual, seguro, no redimirá los pecados de nadie.

Con asombro, vemos que la instancia recién estrenada en México, para encargarse de disminuir la violencia (Comisión Nacional de Seguridad y su titular), se dedica a minimizar la realidad que –en Guerrero, Nuevo León, Tamaulipas, Jalisco, Estado de México, Durango, Morelos, Oaxaca, Michoacán y otras entidades- por más que quieran no puede ocultarse. Las autoridades no solo han perdido, hace mucho tiempo, su capacidad de asombro sino la noción de vergüenza y compromiso del servidor público para con la ciudadanía.

Cada vez más cobra sentido en el imaginario “Si Juárez no hubiera muerto”, se agiganta la figura de la honradez humanizada en aquel indio, tan natural de su tierra, de la que uno quisiera nuevo rebrote. Dejo aquí a los que esperan aún la primavera y con ella se resisten a que nuestro país termine abatido por el deshonor y la violencia, un pasaje que aleja por un momento de la tristeza; y, permite seguir ensartando cuentas de esperanza.

“Su andar era firme, como aquel que está acostumbrado a caminar entre breñas y sobre rocas. Sus pies eran sabios como eran sabias sus manos. Desnudos los tuvo toda la niñez: los dedos de los pies flexibles, prontos a sortear y a acomodarse a las desigualdades del terreno: garfios para mantenerlo firme sobre la tierra. (…)
Era pudoroso, indio al fin. Tenía limpio el cuerpo como tenía limpia el alma. Se bañaba todos los días, al amanecer, con agua fría, como en su niñez, con aquella agua que fluía por los muslos de la montaña, que dijo Ralph Roeder.”[1]




[1] Andrés Henestrosa. Los caminos de Juárez (Lecturas mexicanas No. 77), FCE, México 1985.

lunes, 18 de marzo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

PARA QUE LAS ESTRELLAS TE RECUERDEN,
colocaré tu imagen esta noche
mirando a la ventana;
para que llegue el tiempo de tus pasos,
haré que con tus ojos simplifiques
y enciendas las mañanas.
Llamaré con tus nombres a los días,
para que todos lleven los distintos
matices que despiden tus palabras.
Navegaré las horas río abajo,
hasta que por las playas del retorno
aparezca el velero de tu canto.
Y al padre olvido escribiré una carta,
diciendo que ya es tiempo, que descanse,
y esta vez deje libres nuestras almas.

Es encantadora la sugerencia de colocarnos ante la ventana y lograr que las estrellas nos recuerden, pareciera idea surgida de una mente infantil capaz de realizar cualquier acto de magia; tan fácil, encender las mañanas, colorear con las palabras que deseamos los días que pasan, ir “río abajo” hasta encontrarnos con el canto del mar. Y tomando las riendas, desde la memoria, gestionar una dispensa con el “padre olvido” que nos permita permanecer.

Este poema es de nuestra amiga Carmen Alardín (1933)[1], tamaulipeca de nacimiento, nuevoleonesa, defeña y del mundo que se le antoja, por adopción. El texto pertenece a “Todo se deja así”, publicado hace casi 50 años; con éste y seis títulos más de su producción poética reunidos se le homenajeó por sus ochenta años, en UANLeer 2013. Deseamos, de corazón, que la niña que fue siga acompañándola en sus viajes con la poesía, por mucho tiempo.


[1] Carmen Alardín. Para que las estrellas te recuerden (Palabras en poesía, compilación y comentarios de Margarito Cuéllar), UANL, Monterrey, México, 2013

martes, 12 de marzo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

Pasada la parafernalia mercantil, del día internacional de la mujer, el 8 marzo, queda seguir demandando, a diario y en todos los espacios posibles, equidad y respeto a los derechos de la mujer en el mundo y en México, donde por cada 87 hombres adultos mayores existen 100 mujeres y más de millón y medio de ellas, según el Censo de Población y Vivienda 2010, no saben leer ni escribir; esto evidencia que el tema está pendiente, también que a desigualdad y violencia se suma la edad, lo cual hace a la mujer adulta mayor doblemente vulnerable y hasta cierto punto marginal, pues no hay suficientes estudios serios donde pueda saberse qué sucede con las mujeres adultas mayores, quizá, porque ya no son económicamente activas sino “improductivas”.

No sabemos cómo viven y de qué, muchas de ellas; cuántas adultas mayores tendrán que pedir limosna o buscar qué comer en la calle, si la discapacidad física o mental no les impide. Es uno de tantos asuntos relacionados con desatención y marginalidad de pequeños grupos que aunque no se noten conforman, a veces de manera lamentable, la sociedad de este país. Pequeños grupos digo, mientras pienso en las mujeres que van engrosando, en años recientes, las filas de vagamundos en las ciudades; deben espigar en los botes de basura para comer. Me pregunto, si pertenecen esas adultas mayores a una familia, con hijos y nietos, ¿ante qué aprendizaje social, cultural, cívico y filial u amoroso se encuentran jóvenes y adultos? El mensaje está allí nos guste o no, va creándose socialmente una forma de actuar y valorar; qué significa la vejez, de mujeres adultas mayores, en esta sociedad mexicana ¿son estorbos, viejas y viejos?

A propósito, “Junta familiar”[1] relata bien actitudes de hijos y nietos, ante quien fuera mujer de su casa, en rol de cosa. Dejo aquí un fragmento, intuyendo que recordarán ustedes muchos más casos reales y ficticios. Conviene considerar, mientras ensartamos cuentas, la estimación de CONAPO, para 2030: México tendrá más adultos mayores que jóvenes menores de 15 años; ¿qué tanto falta?

“Salió del taxi y le pidió al conductor que esperara unos minutos. Se encaminó a la entrada de una casa de fachada semejante a todas las de ese moderno fraccionamiento. Abrió la muerta una mujer de unos cuarenta años, su hermana.
–Te traje a mamá. –se lo dijo así, sin siquiera saludarla.
–No me puedes hacer esto, Rebeca –le contestó alterada la mujer.
– ¿Y qué quieres que haga? (…) ¡Ah!, y con la novedad de que ya no me reconoce. (…)
La discusión se prolongaba ya más de diez minutos cuando fue interrumpida por el taxista que desesperado las interpeló: ¿Qué hago con la viejita que está en el carro? Yo tengo que seguirle y… Amalia muy molesta se dirigió al taxi, abrió la puerta trasera y con un ¡muévase mamá! la sacó del automóvil. Un mapa de orines quedó grabado en el asiento (…)”







[1] Leticia M. Hernández Martín del Campo. Seis cuentos indecorosos y dos historias verdaderas, Monterrey, México (Preparatoria 16, UANL), 2002

martes, 5 de marzo de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna



Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

En pocos días se han llenado páginas y páginas, impresas y virtuales, con el tema de “la maestra”, desde su aprehensión el martes pasado. No voy en defensa, por supuesto, de un caso indefendible para cualquiera que tenga un poco de conciencia civil y memoria del papel, denigrante y corrupto, de la persona en cuestión, en uno de los ámbitos más significativos, en una sociedad que se precia de aventajada, si no en lo político sí culturalmente: Justo en la educación.

No obstante, me molesta –confieso- tanta sorna sobre el árbol derribado, hasta hace unos días intocable “engendro priísta”; no por sus cirugías faciales y gestos tan retratados, para comparar con populares criaturas cinematográficas del terror: me refiero a la materialización del mejor modelo de dinosaurio, salido de las filas priístas que retoman la presidencia del país, después de 12 años de ausencia. Representa, sin duda, lo más retrógrado e indeseable para una democracia en ciernes, al menos en proyecto. Y resulta inevitable preguntarse ¿a dónde puede llegar el poder autoritario en aras de legitimación?, ¿a devorar a sus propios hijos?

Lo más preocupante y lamentable aquí es la forma de ejercer justicia, sobre uno de los miles o decenas de miles, hablando conservadoramente, de ladrones, de alzada similar al del personaje capturado -mujer para colmo en un país de tendencia machista- y que, sabemos, pueblan la geografía política mexicana; funcionarios de alta y mediana jerarquía, más los respectivos achichincles, quienes han copiado sus mañas de rampante impunidad. Además, intuyo, no es la mejor enseñanza de valor y respeto, para la población, tampoco de credibilidad y confianza en el quehacer de nuestras instituciones; tratándose de desquites y ajustes de cuentas ¿quién traga más pinole?, ¿cuántos andan sueltos, en este juego macabro?

Recuerdo una de las fábulas de Augusto Monterroso, de la que dejo un fragmento, para seguir ensartando juntos.

“(…) durante un insomnio en los que había caído desde que sabía que sabía tanto, el Mono hizo aún otro descubrimiento sensacional: la injusticia de que el León, que contaba únicamente con su fuerza y el miedo de los demás, fuera su jefe: y él, que si quisiera, según leyó no recordaba dónde, con un poco de tesón podía escribir otra vez los sonetos de Shakespeare, un mero subalterno” (El sabio que tomó el poder).


martes, 26 de febrero de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Graciela Salazar Reyna


Con dificultad nos sustraemos al entorno, sobre todo cuando queremos mantener los ojos abiertos ante el acontecer de los días y tomar partido o actuar en consecuencia si es preciso; el riesgo, como bien sabemos es gozarla o padecer, ni hablar. En violencia, secuestros, desapariciones forzadas a lo largo y ancho del país, sigue la mata dando; inclusive, en pequeñas poblaciones, apenas distinguibles en la geografía nacional.

A saber, cuántos mexicanos imaginaron que al día siguiente de posicionarse el nuevo gobierno cambiaría, de un estado de cosas a otro, como en los comerciales de TV, donde con un trapazo se limpia la suciedad. Y, tan sucio está el panorama que la gente en diversas entidades del país ha decidido erigirse en justicia y autoridad, a través de policías comunitarias; cunden, además, las quejas de organizaciones por “la pasividad del gobierno”[1], para dar cauce a múltiples casos de desaparecidos, cuyas familias se han convertido de hecho en investigadores y ministeriales, acopiando pruebas y arriesgando su seguridad y la vida, sin contar que a ellos no les pagan por ese trabajo.

Sobran motivos de hartazgo y desconfianza hacia quienes deben satisfacer las demandas ciudadanas, particularmente, en asuntos que ocasionan dolor y pérdidas irreparables.

En el entramado de esta tela, traigo a cuenta “No”[2], película chilena protagonizada por Gael García Bernal. Interesante, porque, nos permite ver a la distancia una época que a unos nos tocó siendo adolescentes, un asunto que entre otros nos marcó para siempre –y cómo nos estrujaba el pecho “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentado…”-; un drama esta peli, aunque hay quienes la clasifican como comedia negra, tal vez. Por otra parte, nos deja el grato sabor de pensar que la gente decidida puede organizarse y actuar metódica y talentosamente para lograr lo que se propone, aun contra el poder más férreo; es cierto, si nos remitimos a los hechos reales, de algún


modo tío Sam ya no estaba conforme con la dictadura de Pinochet; pero esta historia ficcionada deja la idea de la acción ingeniosa con una gran repercusión política.

Lo que puedo compartir, con los lectores del trajín, es que me gusta como propuesta: una historia técnicamente bien armada, con un buen uso de documentos que combina pasado y presente; evoca recuerdos, convoca  conciencia; mediante buenas actuaciones y muy aceptable dirección. Disfrutable, pienso, para quienes conocen el acontecimiento y para la raza más joven que quiere saber, acerca del episodio histórico-chileno, una forma atractiva.