lunes, 24 de febrero de 2014

El miedo, por Israel González

El miedo
Israel González


El miedo sirve para desarmar, para controlar.
El que se deja dominar por él ya no se pertenece, ya no tiene sosiego.
El miedo entra por las orejas y por los ojos y se agazapa en el cerebro.
El miedo quita la palabra.
El miedo, de hombre pensante te convierte en bulto, en sombra.
El miedo achica mientras él crece y cubre, como un río desbocado, todos tus espacios y todos tus pensamientos.
El miedo amenaza: Cualquier movimiento que hagas y te desmorono.
Por eso, gobernantes, políticos y todo aquél que cree tener poder –o quiere lograr algo de ti- recurre a él con el único autoritario afán malévolo de aniquilarte.

Vivir con miedo no es vivir.

Tragicomedia mexicana (El Chapo), por Jaime Velasco Luján

Tragicomedia mexicana (El Chapo), por Jaime Velasco Luján

Amable auditorio interrumpimos nuestra programación musical porque hasta la EQUISECUCA nos llega un boletín de prensa:
El Chapo Guzmán fue atrapado ayer en Culiacán, este sujeto era famoso por aparecer en dos famosas listas: la de Forbes (los más ricos del mundo) y la DEA, en ambas listas ocupó siempre los primeros lugares...
La tarde de ayer, el gobierno mexicano anunció que los mil millones de pesos que constituyen la fortuna del Chapo, será repartido entre los mexicanos de la manera siguiente: el ciudadano ganará el mismo sueldo que un senador (incluye organizar festejos por el cumpleaños de su señora en el edificio del Senado); cada niño recibirá, en su casa, un equipo completo de gimnasia (esté panzón o no); las madres solteras recibirán tantos millones cuantos hijos tengan; los alumnos tendrán una beca que le garantice estudiar Lienciatura, Maestría y Doctorado; los mendigos (que no méndigos) trabajarán como "extras" en cine y televisión; se abolirá el robo porque todos serán ricos; desaparecen los partidos políticos por la misma razón: ya no tendrán necesidad de robar; en fin, estimado auditorio, ahora sí seremos del primer mundo...
Esperen, nos llega un boletín de última hora, viene de Estados Unidos y lo firma el Presidente Barak Osama (como le dicen en México), el Presidente declara que el Chapo "le pertenece," que se puede fugar otra vez si se queda en México y que el necesita ese dinero para asegurar el futuro de su familia hasta el año tres mil, el Presidente declaró que no dará ni las sobras a los mexicanos... O sea que seguiremos como siempre... Qué gacho...

(Información tomada del diario La jornada)


sábado, 22 de febrero de 2014

El Metro sigue su curso, por Saúl Kastro

El Metro sigue su curso,
por Saúl Kastro


“Curso intensivo de Buenos Modales en el Sistema de Transporte Colectivo Metro.” Así lo anunciaron, duró tres días, el primero fue teórico y los otros dos, prácticos. Los instructores consideraron adecuada la línea  amarilla para ejercicios de principiantes. Aprendí a no empujar ni al subir ni al bajar, a no estorbar en la entrada, a no abrazar el tubo para que los demás también se sujeten, a dar el asiento a hombres y mujeres con niños, a adultos  mayores, a sonreír a mis compañeros de viaje y, sobre todo, aprendí las tres palabras mágicas: permiso, gracias y disculpe usted; en mi exposición, para ser evaluado, demostré cómo se puede entrar con calma, llegar a mitad del vagón lleno de gente y cómo salir sin codazos ni empujones, solicitando de manera amable permiso y dando las gracias. Al final me dieron mi diploma. Luego el instructor me dijo en su oficina que notó potencial en mí y me preguntó si quería ir un poco más allá de lo aprendido. Sus palabras fueron un reto el cual acepté. Se trataba de poner a prueba en una sola práctica todo lo aprendido, pero en situación extrema.



La cita fue en Pantitlán dirección La Paz, un lunes a las siete de la tarde; las malas lenguas decían que era el mismo infierno. Pasaron tres Metros para poder llegar hasta enfrente. Los únicos dos alumnos que aceptamos el reto ya estábamos listos. El instructor nos pidió calma. Llegó el Dragón roji-blanco, la masa popular se contrajo hacia las puertas, fuimos aplastados. “¡Soporten muchachos, soporten!”, pedía el instructor. Pero eran muchos, mi compañero y yo gritamos a la gente que había un anciano en la puerta, lo estaban aplastando. Fue en vano. La puerta se abrió. Fuimos empujados, el anciano cayó y me pareció ver que, con toda intención, puso su bastón en mis pies para tropezar, que me voy de hocico; mi compañero y el instructor trataron de ayudarnos, pero fueron barridos por la marabunta de gente. Algunos nos brincaron, otros tropezaron, nos cayeron encima, nos pisaron y corrieron a tomar asiento. Sentarse era el trofeo del día y solo los más fuertes, los más rudos, lo obtendrían, así son las reglas de la selva. En el suelo, el anciano luchó de forma amable, esquivó y detuvo pisadas con su bastón, traté de imitarlo, lo logré solo de algunas; pero al final recibí un pisotón en la mandíbula, quedé atolondrado, el referí Tirantes entró de un salto, se tiró de rodillas, contó tres palmadas y quedé fuera; dio por concluida la pelea.

               


Desperté tirado en las escaleras, mi compañero de curso, el instructor y el anciano me reanimaban. “¡Reprobé, verdad?”, fue lo primero que dije al abrir los ojos. “No, sobreviviste”, dijo mi compañero. Y mientras el anciano me colocaba mi insignia de alumno avanzado en la solapa, el instructor lo presentaba. “Él es el Gran Master, el iniciador de estos cursos”. Le estreché la mano, me felicitó, dijo que estaba orgulloso de mí. Con una fractura de mano, un ojo morado y el labio sangrando, le dije “es un honor, señor.”

viernes, 21 de febrero de 2014

"Impurezas", por Jezquel Chávez

"Impurezas"
Por Jezquel Chávez
 

Hay dos formas de hacer transcurrir un día. La primera, en singular monotonía para mi vida, sería leyendo en cada segundo que me quede libre. La segunda, claramente, sería alguna otra muy divertida. Sin pensar qué te depare el destino debes tomar algún tiempo para poder pensar y captar lo que quizá nunca habías logrado ver. Minúsculas cosas se ponen frente a ti cuando decides caminar. Esta vez decidí dejar los libros a un lado para caminar entre las calles xochimilcas. Sin lugar a dudas es un recorrido pacifico y tranquilo. Mientras me encontraba paseando por las calles románticas de nuestro centro, recordé un día no muy lejano, en el que estaba con un "extranjero". Una persona que por "casualidad" había llegado a los lagos de Xochimilco. En mi incesante búsqueda por hallar a las singulares personas que congenien con mi visión de "un buen lugar para pasar el rato", pregunté cómo le habían parecido nuestros lagos, nuestras chinampas y nuestras trajineras. Para colmo de males, respondió lo siguiente:
-Me parece muy bello, sin lugar a dudas un punto del DF al que quisiera regresar. Pero hay un problema muy grave en Xochimilco.
–¿Cuál? si es que puedo preguntar -pregunté ansioso de su respuesta.
-Pues que está muy sucio. Las aguas se notan negras y la mayoría de establecimientos ahí se ven demasiado descuidados. Pero es un problema que se arregla fácil con la unión de las personas.
Aquellas palabras vinieron a mi mente mientras me desplazaba por Xochimilco. En aquel momento no tuve palabras para responder a esos comentarios, puesto que no hay forma de negar lo obvio. Gratamente en esta crítica hay dos cosas que deben tomarse en cuenta: una es la palabra "sucio", que significa "con muchas impurezas". Pienso que fue la palabra correcta mientras sigo en pie. Logro concretar que fue la correcta porque eso tiene Xochmilco, demasiadas "impurezas". En esta crítica hay otra palabra que debe considerarse y es "unión". Ciertamente muchos de nosotros estamos en contra de la unión para poder mejorar nuestro mismo entorno, pero no porque no queramos sino unirnos, sino por el poco apoyo gubernamental que se tiene.
Reflexiono sobre "sucio" y "unión" mientras camino entre las calles rumbo a mi casa. ¿Podremos unir estas dos palabras? No me refiero a una unión física como "suciounión" o algo por el estilo. Pienso en lo que ocurriría si lo lográramos. Me dirijo a todos los xochimilcas para preguntarles ¿podremos "unirnos" para intentar retirar todas aquellas "impurezas" que nos rodean?, ¿podremos tener una conciencia social para mejorar el lugar donde vivimos?
Así, cada minuto, desde aquél día, reflexiono sobre la dureza de esa pequeña critica. Cada día me pregunto lo mismo y aún no encuentro persona que me dé respuesta.

Fabulillas, por Israel González

Fabulillas
por Israel González

*
Malhumorado, harto, sin ganas...no recurrió al suicidio
sino a las vacaciones.
*
En medio de la hoguera del trópico, un tobogán y una pista de hielo:
circo para el pueblo.
*
La pobreza calcina las pupilas de los que andamos
con los ojos abiertos.
*

Aves de la ciudad, perplejas, no entienden tanta insensatez
de esa criatura sin alas llamada “hombre”.

*
Harapientas figuras deambulan entre los residuos del día,
en las esquinas oxidadas, en las calles como costras,
resignadas a medio vivir, a medio ser,
a morir absolutamente un día cualquiera.

*
¿De qué sirve ese árbol de cambiantes colores?
¿Para qué un tobogán y una pista de hielo?
¿No era mejor un árbol y su fuente, una luna y su cántaro?

*
Palomas polvorientas: ¿qué hacemos aquí tragando polvo,
respirando brasa, embarrados de la sarna del sol,
azotados por la amarillenta flema del viento?

jueves, 20 de febrero de 2014

Súper Man Shado, por Saúl Kastro


Súper Man Shado, 
por Saúl Kastro

Me siento mal. Seguro algún maldoso aprovechó un descuido mío y le puso kriptonita a mi cuba. El escalofrío de mis piernas y los mareos no cesan, por eso no puedo volar y me veo en la necesidad de usar el Metro. Abordo en Pantitlán, el viaje es largo hasta Observatorio, por eso lo mejor fue tratar de relajarme. No era el único súper héroe abordo, tengo buena compañía: Thor checa su Face; Aquaman canta “Fuego bajo tu piel”, de Andrea Básef; la Mujer Maravilla y Elástica leen “50 sombras de Grey”, por sus gestos se nota cuánto disfrutan su lectura.
Desde la primera estación Hiedra Venenosa me hizo ojitos; y ya por Moctezuma se acerca un poco más y también le correspondo con una sonrisa, un tanto estúpida. Supongo que por efecto de la kriptonita la veo bonita. A discreción se coloca delante de mí. Los súper héroes, por sus extra-sentidos como el del Hombre Araña, suelen percatarse de lo que sucede a su alrededor, pero es viernes, bien pueden bajarse el swicht e ir como gente normal. Hiedra pasa ligeramente la punta de su lengua entre sus labios, luego baja su mano y con un ademán me invita a acariciar su nalga. Yo dije “si es con permiso, pues va”, me acerco un poco más, me cercioro que no me vea nadie, según yo, y mi mano derecha trémula se posa sobre la forma redonda, suave y exquisita. “¡Ay, pinche viejo puerco, qué le pasa, baboso!”, grita Hiedra Venenosa al mismo tiempo que voltea y lanza manotazos. Gatúbela grita “¡Vienen manoseando a la señito, yo lo vi!” El Metro se detiene en Isabel la Católica, unos bajan y otros suben ignorando el asunto. Los demás gritan “¡Bajen a ese marrano!” Hulk y la Mole aparecen uno en cada lado mío, me toman de los brazos y me levantan. “¡Órale cabrón, vas pa fuera!” Me llevan hasta un rincón, mi pies cuelgan como trapo, me siento como gatito que será echado de la casa. Hiedra y Gatúbela van detrás de nosotros. El temblor de piernas y el mareo amenazan con crecer. Hulk la pinta claro y directo “mira güey, lo que hiciste es grave y hay testigos, si te remitimos a la Liga de la Justicia te va a ir como en feria, fácil te echas 6 meses en el chico bote, diario te van a madrear y la fianza te va a salir bien cara, mejor arréglate de una vez con la señito para que te dé el perdón y ya no haya pedo ¿cuánto traes?” Mis súper poderes me fallan, estoy súper apanicado. Saco de mi cartera un billete de 500, el resto de la paga de la semana por salvar a E.U. de terrorismo galáctico. Hiedra Venenosa me lo arrebata. No soporto, tanta mierda me causa nauseas. Es inevitable. Pese a toda su agilidad felina, Gatúbela no logra esquivar el chorro de mi vómito sobre su panza, los demás logran retroceder de un salto. La presión del estómago y de la cabeza me deja estático. Gatúbela, súper encabronada, da un súper salto, gira en el aire y lanza una súper patada directo a mi mandíbula. Todo gira de forma vertiginosa y se vuelve oscuro. Entre mi nebulosa oigo un silbato. Ironman pide a mis agresores detenerse. Ellos corren a escapar. Poco a poco recupero la visión, pero no sé dónde estoy. Veo a súper héroes salir de los vagones y esquivarme con prisa. Solo Batman y Robín tratan ayudarme, me hablan, pero no entiendo lo que me dicen.

martes, 18 de febrero de 2014

Cayó y calló para siempre, por Saúl Kastro

Cayó y calló para siempre, 
por Saúl Kastro

“Vi salir a tu viejo del hotel Castillo, con tu amiga la Chule, neta, te lo juro, hasta los grabé y se ven bien claritos.” La Shina no quería creerlo a pesar de que ya lo sospechaba. Tenía ganas de decirle que la neta la Chule está bien buena, pero imaginé que no sería prudente. Entre llantos y mentadas de madre me pidió el video antes de que llegara su marido, porque ahora sí le iba a armar su megafiesta. Te lo doy en persona, ni por guapzap ni feis, porque con eso del espionaje ya nadie está seguro. No tenía nada qué hacer y me lancé a su depa en Tlatelolco. Ya sabía como es de impulsiva, por eso le dije “si llega antes tu viejo, no vaigas a hacer tus dramas, aguántame, pa que tengas pruebas”.

Antes de entrar a la estación Ermita, me compré un estuche para llevar el celular en la cintura, me sentía muy nice con mi adquisición de 30 varos, hasta como que caminaba de lado. Era la hora pico y llegué a la estación Hidalgo. La gente se arremolinó en la puerta, unos para entrar y otros para salir, todos al mismo tiempo. Alcanzaron a salir las tres primeras personas; el chofer activó la alerta de cierre, la gente entró en pánico porque era probable que ese fuera el último Metro de su vida; los ansiosos entraron a aferrarse del primer tubo a su alcance y a estorbar en la entrada. Yo traté de salir a como diera lugar, ellos me apretaron justo en la salida, trataron de regresarme, me jalé y lo logré… pero, lleno de horror, sentí que algo valioso se desprendía de mí, voltee con sumo espanto, el estuche se rompió por el jaloneo y, en cámara lenta, vi caer mi celular con maldita precisión entre el hueco del convoy y el piso del andén. Me aventé, mi dedo anular apenas lo tocó, caí a gatas, me pegué en las rodillas, la puerta cerró con fuerza y me aplastó la cara. Se volvió a abrir “tururú, permita el libre cierre de puertas, gracias”, dijo aquella dulce voz del inframundo. Me levanté como pude. La gente sonreía. El rostro me ardía de coraje, de pena y dolor. Esperé la marcha del transporte. Me asomé a las vías, no vi nada. Corrí con el boina azul para pedirle vigilara que nadie bajara a las vías por mi cel, mientras conseguía ayuda, él me observó y sonrió “descuide, yo aquí veo”, me dijo. Corrí con el poli del torniquete, le expliqué mi desgracia, sonrió y me pidió esperar a su jefe inmediato. Luego que llegó su superior le expliqué la situación, sonrió y me dijo que la jefa de estación podría resolver, pero andaba en inspección, que esperara. Por fin llegó la susodicha, le expliqué, sonrió y me pidió fuéramos al lugar.

Revisamos, pero nada. “Su número para marcarle.” ¡Qué, oh no, no me lo sé!” y no estaba de humor para salir con la misma babosada de siempre: “es que nunca me marco”. “Cayó entre las llantas, lo más seguro”, comentó alguien. “¡Paren la línea para bajar a las vías, por favor!” les supliqué. Solo si estaba a la vista lo harían, pero desde ningún ángulo se pudo. Yo casi entro en shock… “mis contactos, mis notas, mis juegos, mis videos y fotos… pobrecito, estará sonando y vibrando solito, entre los fríos y oscuros neumáticos y nunca más lo volveré a contestar, nooooo!” Todos regresaron a sus actividades, me quedé solo, no había nada por hacer. No había más remedio que enfrentar la situación como era. Continúe mi camino, de la línea azul a la verde. Llegué a Tlatelolco y salí corriendo hacia el depa de mi amiga la Shina… pero fue demasiado tarde.

Ya había una patrulla en el lugar, la Shina no soltaba a su marido de los cabellos, dos policías trataban de separarlos y los curiosos grababan con su celular para subirlo a Youtube. Quedé atónito, retrocedí, me recargué detrás de un muro, voltee a una puerta de cristal, me vi, una gruesa línea cruzaba mi rostro. Me alejé de ese lugar lo más pronto posible, antes de que me viera la Shina y me involucrara en un asunto en donde yo no tenía nada qué ver.